miércoles, 18 de marzo de 2026

Homenaje a Manuel Sacristán y Félix Ovejero Verdad, crítica y honestidad intelectual frente al dogma





 “Quien ama la verdad no se casa con sus ideas.”

No es una cita literal.
Pero sí una verdad profundamente sacristaniana.

Manuel Sacristán no fue un pensador cómodo. Fue, ante todo, un hombre que entendió que la verdad no es patrimonio de nadie: no se posee, no se protege, no se blinda.

Se busca.
Y, sobre todo, se somete a crítica.

También —y quizá especialmente— cuando esa crítica se vuelve contra uno mismo.

En una época donde las ideas tienden a convertirse en trincheras, Sacristán defendió algo más difícil: la honestidad intelectual.

Cambiar de opinión ante mejores razones no es debilidad.
Es respeto por la verdad.

En las aulas de Barcelona no solo enseñó contenidos.
Formó una actitud.

Una forma de estar en el pensamiento que no exige fidelidad a las ideas,
sino fidelidad a la verdad.

Esa actitud no terminó con él.

Encontró continuidad en quienes supieron asumir no solo sus ideas,
sino su exigencia.

Entre ellos, Félix Ovejero: alumno, colaborador y, con el tiempo, cómplice en la defensa de una razón sin concesiones.

No una complicidad de adhesión,
sino de exigencia.

De esas que no piden que repitas lo que piensas,
sino que estés dispuesto a revisarlo.

De esas que no protegen identidades,
sino que incomodan certezas.

Este texto no pretende fijar una cita.
Pretende reconocer una tradición.

Una tradición que no levanta muros,
sino que los atraviesa.

Que no protege las ideas,
sino que las somete a prueba.

Porque lo importante no es tener razón.
Es buscarla.

Anejo: preguntas para no instalarse en las propias ideas

  • ¿Defiendo esta idea porque es verdadera o porque es mía?

  • ¿Si alguien la desmontara con argumentos sólidos, estaría dispuesto a cambiarla?

  • ¿Busco la verdad o confirmación?

  • ¿Me incomoda más estar equivocado o que me lo señalen?

  • ¿Podría defender la posición contraria con honestidad?

  • ¿Mis convicciones resisten la crítica o la evitan?

  • ¿Estoy dispuesto a perder una idea para ganar comprensión?

  • ¿Escucho para entender o para responder?

  • ¿Cuándo fue la última vez que cambié de opinión por buenas razones?

  • ¿Mi identidad depende de lo que pienso o de cómo lo pienso?

Este texto quiere ser un homenaje y un reconocimiento a quienes han hecho de la verdad una exigencia y no una consigna.

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