viernes, 20 de febrero de 2026

El Votante Cíclope: La pérdida de profundidad en la democracia moderna


Introducción

En el lenguaje médico, la visión monocular define a quien percibe el mundo a través de un solo ojo. Puede orientarse, caminar, incluso desenvolverse con aparente normalidad, pero carece de algo esencial: la estereopsis, la percepción de profundidad.

Trasladado al ámbito político, este fenómeno describe con inquietante precisión a buena parte del electorado contemporáneo. No vivimos una ceguera total, sino una monocularidad ideológica que impide calcular la distancia entre la promesa y la realidad.


El cíclope político y el sesgo de confirmación

El votante cíclope es aquel que decide, voluntaria o inconscientemente, cerrar uno de sus canales de información. Observa la gestión pública con un solo ojo: el de su ideología, su identidad de grupo o su interés inmediato.

En biología, el cerebro necesita dos imágenes ligeramente distintas para captar el relieve. En política, necesitamos observar pros y contras para comprender la verdadera dimensión de una propuesta.

Cuando solo se utiliza el “ojo de la fe” partidista, el mundo se vuelve plano. Desaparecen los matices. La realidad se reduce a una superficie bidimensional donde solo existe “lo mío” frente a “lo ajeno”.

El cíclope no es ciego. Ve con nitidez los errores del adversario y los aciertos del propio bando. Pero es incapaz de percibir el abismo que se abre bajo sus pies, porque ha perdido la noción de profundidad.


La ceguera por indiferencia

Existe otra figura distinta: el ciego político. No es parcial, es ausente. Ha renunciado a mirar. Su voto no es elección, sino inercia; no es deliberación, sino delegación automática.

En la oscuridad, cualquier destello parece una salida.

La indiferencia facilita el populismo, pero la monocularidad lo legitima.
Quien no mira puede ser arrastrado; quien solo mira por un ojo puede justificar lo injustificable.


El sistema como fabricante de parches

La pregunta incómoda es si esta pérdida de visión binocular es accidental o inducida.

Las redes sociales y los algoritmos actúan como parches oculares tecnológicos. Presentan una realidad diseñada para el único ojo abierto, filtrando datos incómodos y reforzando creencias previas. El ciudadano recibe confirmación, no contraste.

Una sociedad de cíclopes es más manejable que una sociedad con profundidad de campo.
Quien percibe el relieve de las mentiras es más difícil de seducir por la llanura de los eslóganes.


Recuperar la profundidad

Recuperar la visión binocular no significa diluir las convicciones, sino someterlas a contraste.
La profundidad no elimina el relieve moral; lo hace visible.

Examinar los fallos del propio bando no equivale a traicionarlo. Reconocer aciertos del contrario no implica rendición ideológica. Significa simplemente recuperar la tercera dimensión del juicio.

a democracia no se destruye solo cuando se suprime el voto.
Se vacía cuando renunciamos a mirar con ambos ojos.

La libertad política exige profundidad.
Y la profundidad exige contraste.

Recuperar la visión binocular no es traicionar convicciones.
Es dignificarlas.

— J.A.P.A.
La Réplica

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