viernes, 7 de agosto de 2026

La frase contundente que borra la historia (y la concordia)



Hay frases que suenan tan redondas que muchos las repiten sin comprobarlas.

 Una de ellas es la de Javier Aroca: «El problema de la derecha española es que no combatió al franquismo, surgió del franquismo. Mientras la derecha europea luchó contra el nazismo y el fascismo, la derecha española nació y se amamantó en el franquismo».Suena contundente. Parece una verdad histórica cerrada. Pero no lo es. Es una afirmación dogmática, incompleta y tendenciosa presentada como verdad absoluta. Prefiere la frase impactante (y falsa por omisión) al matiz histórico. Y busca, sobre todo, el aplauso de quienes ya piensan como él.  Esta práctica no ayuda a la concordia ni a la convivencia entre quienes piensan distinto. Convierte el debate en trincheras donde solo cabe la adhesión o el rechazo.
Los hechos que la frase borraNo es cierto que la derecha española no combatiera al franquismo. Hubo oposición monárquica, liberal y democristiana real:
  • En 1945, Don Juan de Borbón publicó el Manifiesto de Lausana, rompió con Franco, calificó el régimen de totalitario inspirado en el Eje y le exigió que abandonara el poder.
  • En 1962, el Contubernio de Múnich reunió a 118 opositores de casi todas las tendencias, incluidos monárquicos y democristianos como Gil-Robles y Satrústegui. Franco respondió con una de las represiones más duras contra la oposición de centro-derecha.
  • En los años 70, la Junta Democrática y la Plataforma de Convergencia Democrática incluyeron monárquicos, liberales, democristianos y carlistas junto al PCE y al PSOE.
Es verdad que una parte de la derecha sociológica procede del franquismo o se acomodó a él. También es verdad que una parte de la izquierda procede del estalinismo y de formas autoritarias de sociedad. Ambos legados existen. Borrar uno y magnificar el otro no es historia: es propaganda.

La comparación con “la derecha europea” tampoco resiste el escrutinio. En Alemania, Francia o Italia hubo colaboración y acomodamiento de amplios sectores conservadores al fascismo y al nazismo. La historia europea es tan compleja y contradictoria como la española.El problema de fondoCuando se lanza una frase de este tipo y se presenta como verdad histórica, no se invita a pensar: se pide adhesión. Se construye un relato en el que el adversario no tiene matices ni historia propia. Solo merece ser señalado.Esa práctica es incompatible con la reciprocidad. Y la reciprocidad es la primera base de la concordia. 

Si exijo rigor y memoria completa cuando se habla de “los míos”, debo exigir lo mismo cuando se habla de “los otros”. Si solo denuncio el sesgo del contrario, no defiendo la verdad: defiendo a mi bando.

En La Réplica intentamos señalar estas operaciones de relato unilateral, sea cual sea el origen ideológico. Porque la convivencia democrática no se construye con eslóganes que confirman lo que ya creemos, sino con el esfuerzo de mirar la complejidad y de no convertir al que piensa distinto en un monstruo histórico.La historia española del siglo XX es suficientemente trágica como para no necesitar caricaturas. Y la política del presente tampoco mejora cuando se alimenta de ellas.

Antes de compartir  frases redondas que confirma lo que ya piensas, detente un momento

Pregúntate si has contrastado. Pregúntate si estás dispuesto a aplicar el mismo rigor hacia todos. Ese pequeño esfuerzo es, quizá, el primer paso hacia una conversación pública un poco menos envenenada.

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