Un viejo fantasma vuelve a recorrer Europa
Cuando la parte se convierte en el todo
Los hechos deben contar, especialmente cuando contradicen nuestros relatos. Y los hechos indican que el antisemitismo no es solamente un fantasma del pasado europeo. Sigue entre nosotros.
Pero combatirlo exige también precisión. Criticar al Gobierno de Israel no es antisemitismo. Denunciar las actuaciones de Netanyahu no es antisemitismo. Defender los derechos del pueblo palestino no es antisemitismo.
La frontera empieza a cruzarse cuando dejamos de responsabilizar a personas, organizaciones o gobiernos concretos y trasladamos esa responsabilidad a «los judíos», a todo un pueblo o a millones de individuos por su pertenencia a una colectividad.
Los datos están ahí
La Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea (FRA) publicó en 2024 una amplia encuesta realizada entre población judía de 13 países de la UE, donde reside alrededor del 96 % de la población judía de la Unión.
Los resultados son suficientemente contundentes: el 96 % de los encuestados afirmó haber encontrado antisemitismo durante el año anterior y el 80 % consideraba que el antisemitismo había aumentado en su país durante los cinco años precedentes.
Hay un dato especialmente significativo: la encuesta se realizó antes del 7 de octubre de 2023. Por tanto, no podemos explicar todo el fenómeno como consecuencia de la posterior guerra de Gaza.
Después llegaron los asesinatos y secuestros perpetrados por Hamás el 7 de octubre y la devastadora respuesta militar israelí sobre Gaza. La Comisión Europea ha constatado desde entonces un fuerte incremento de los incidentes antisemitas en distintos países europeos y particularmente en Internet.
La FRA continúa documentando el fenómeno y advierte, además, de algo importante cuando utilizamos estadísticas: los países europeos emplean sistemas de registro diferentes, por lo que no todas las cifras nacionales son directamente comparables.
Los hechos cuentan. Pero también debemos ser rigurosos con ellos.
No confundir la parte con el todo
Hay una idea que intento aplicar siempre, especialmente cuando los acontecimientos nos indignan:
No atribuir a un pueblo, una religión o una comunidad lo que hacen algunos de sus miembros o quienes gobiernan en su nombre.
Se puede —y se debe— denunciar con toda contundencia al Gobierno de Netanyahu y las consecuencias terribles de sus decisiones sobre la población palestina.
Pero de ahí no se sigue que podamos definir a «la sociedad israelí, en su gran mayoría» como racista, xenófoba, genocida o criminal.
Cuando dejamos de juzgar hechos, decisiones y responsabilidades concretas y trasladamos esas características a millones de personas, hemos dado un salto: de la crítica política a la culpabilización colectiva.
Y aquí aparece una falacia tan sencilla como peligrosa: confundir la parte con el todo.
Basta uno
La fotografía que acompaña este texto me parece extraordinariamente expresiva.
Una multitud parece comportarse de una determinada manera. En medio de ella, una persona no lo hace.
Podremos discutir qué porcentaje representa cada posición. Podremos incluso demostrar que una determinada opinión es mayoritaria. Pero aquella persona introduce una evidencia elemental:
Basta uno para demostrar que la parte no es el todo.
Las excepciones no «esconden» necesariamente una realidad. En ocasiones demuestran precisamente que el colectivo no es homogéneo.
En la sociedad israelí existen ciudadanos, intelectuales, organizaciones y religiosos judíos que se enfrentan públicamente a Netanyahu, a su Gobierno o a la guerra. Sus posiciones pueden ser minoritarias o mayoritarias; eso habrá que determinarlo con datos. Lo que su existencia impide es convertir a todos en una única categoría moral.
El Holocausto: memoria, no justificación
El Holocausto merece una consideración especial.
El asesinato sistemático de seis millones de judíos europeos por la Alemania nazi y sus colaboradores constituye uno de los grandes crímenes de nuestra historia.
Recordarlo es un deber moral.
Pero esa memoria no concede al actual Gobierno de Israel legitimidad para hacer cualquier cosa.
El Holocausto no puede utilizarse como justificación de las actuaciones de Netanyahu.
Y exactamente por el mismo principio tampoco podemos recorrer el camino contrario:
las actuaciones del Gobierno de Netanyahu no convierten a los judíos en responsables colectivos.
Una injusticia jamás legitima otra injusticia.
La Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto (IHRA) incluye entre sus ejemplos de antisemitismo responsabilizar colectivamente a los judíos por las acciones del Estado de Israel. Al mismo tiempo, su propia definición señala expresamente que una crítica a Israel semejante a la dirigida contra cualquier otro país no puede considerarse antisemita.
Las dos afirmaciones deben leerse juntas.
Y el mismo principio vale para Hamás
Si queremos que nuestro razonamiento sea universal, tenemos que aplicarlo también cuando resulta incómodo.
Los crímenes cometidos por Hamás el 7 de octubre deben condenarse sin ambigüedades.
Pero los palestinos no son Hamás.
Un niño palestino sepultado bajo los escombros no tiene responsabilidad alguna sobre los asesinatos cometidos por Hamás.
De la misma manera, una persona judía que vive en París, Zamora, Tel Aviv o Nueva York no adquiere responsabilidad sobre las decisiones de Netanyahu por el hecho de ser judía.
Por eso mi posición puede resumirse en cuatro afirmaciones:
Ni Hamás justifica a Netanyahu.
Ni Netanyahu justifica a Hamás.
Ni los palestinos son Hamás.
Ni los judíos son Netanyahu.
Dos condenas, los mismos principios
No creo que defender al pueblo palestino requiera minimizar los crímenes de Hamás.
Ni creo que denunciar a Hamás obligue a guardar silencio ante el sufrimiento de Gaza.
Precisamente porque los derechos humanos son universales, deben proteger también a quienes no pertenecen a nuestro bando, nuestra religión, nuestro pueblo o nuestra ideología.
La responsabilidad corresponde a quienes toman decisiones y cometen actos. No a una comunidad entera.
Europa conoce demasiado bien las consecuencias de sustituir a las personas por categorías colectivas.
Por eso, cuando reaparece la tentación de hablar de «los judíos», «los musulmanes», «los palestinos» o cualquier otro pueblo como si millones de seres humanos pensaran y actuaran de una única manera, conviene recordar aquella sencilla imagen:
entre el todo siempre hay personas.
Y quizá la mejor vacuna contra los viejos fantasmas siga siendo una regla extraordinariamente sencilla:
NO CONFUNDIR LA PARTE CON EL TODO
Fuentes: Agencia de los Derechos Fundamentales de la UE (FRA), Jewish People's Experiences and Perceptions of Antisemitism (2024) y actualización sobre antisemitismo (2026); Comisión Europea, seguimiento de la Estrategia de la UE contra el antisemitismo; e International Holocaust Remembrance Alliance (IHRA), definición de trabajo del antisemitismo.

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