jueves, 3 de septiembre de 2026

Indicios, hipótesis y sentencias: una doble vara de medir



Indicios, hipótesis y sentencias: una doble vara de medir

infoLibre ha publicado un análisis crítico sobre el informe del CENIF relativo a los sucesos de Ceuta. Su tesis principal es que se trata de un informe construido sobre conjeturas.

La crítica puede ser legítima, pero debe aplicarse el mismo criterio a todas las partes. Hay que distinguir entre hechos, indicios, hipótesis y pruebas.

Un informe policial no es una sentencia

Este punto es fundamental: un informe policial no es una sentencia judicial ni establece hechos probados de manera definitiva. Es una aportación que se remite a los tribunales para que pueda ser valorada junto con otras pruebas.

La policía puede reunir datos, detectar conexiones y plantear hipótesis. Después corresponde a los jueces contrastarlas, escuchar explicaciones alternativas y decidir qué queda acreditado.

Por tanto, no debemos presentar una conclusión policial como una verdad judicial. Pero tampoco debemos exigir a un informe de investigación que demuestre definitivamente aquello que precisamente se está investigando.

Un indicio no es una prueba, pero tampoco es nada

Que la mayoría de determinados teléfonos tuviera prefijo marroquí no demuestra por sí solo una organización estatal.

Que hubiera una gran difusión de mensajes no prueba necesariamente la intervención de especialistas.

Que muchas personas regresaran posteriormente a Marruecos tampoco permite conocer automáticamente sus intenciones.

Todo eso es cierto. Pero esos datos pueden ser indicios. Un indicio no demuestra una hipótesis, aunque puede justificar que se investigue.

La cuestión no es si el CENIF ha dictado una sentencia, porque no le corresponde hacerlo. La cuestión es si los datos que aporta hacen razonable continuar investigando determinadas hipótesis.

La doble vara de medir

El problema aparece cuando se califican las inferencias del CENIF como «conjeturas», mientras que las explicaciones alternativas se presentan como análisis objetivos.

infoLibre propone, por ejemplo, explicaciones relacionadas con la curiosidad, la desesperación económica, el efecto contagio o la decisión de regresar a Marruecos. Son posibilidades razonables, pero también son hipótesis. No conocemos con certeza el estado mental de miles de personas.

Una hipótesis alternativa no refuta automáticamente otra hipótesis. Ambas deben contrastarse con los hechos y las pruebas disponibles.

Lo mismo ocurre cuando se atribuyen intenciones políticas al informe o a quienes lo difunden. Si se exige al CENIF que demuestre sus atribuciones de intencionalidad, debe aplicarse la misma exigencia a quienes sostienen que el documento pretende provocar la caída del Gobierno o instalar una determinada narrativa política.

De lo contrario, estaríamos ante una clara doble vara de medir.

Hechos, indicios, hipótesis y pruebas

El debate puede resumirse así:

Hechos → indicios → hipótesis → pruebas

No debemos convertir un indicio en una certeza ni una hipótesis en una sentencia. Pero tampoco debemos descartar un indicio simplemente porque todavía no sea una prueba.

La policía investiga y aporta información. Los tribunales valoran esa información y deciden. El periodismo puede y debe examinar los informes policiales, pero debería aplicar a sus propias interpretaciones el mismo rigor que reclama a los investigadores.

Ver la realidad con un solo ojo impide apreciar la profundidad. Cuando solo se observa una parte de los hechos, también se pierde capacidad para juzgarlos correctamente.

Entre los relatos y las creencias deben estar los hechos. Porque los hechos permiten cambiar de opinión sin dejar de pensar.

José Antonio Parro Agudo
La Réplic

miércoles, 2 de septiembre de 2026

Lo que pudo haber sido ... y no fue

 


LO QUE PUDO HABER SIDO… Y NO FUE

Hay ocasiones en las que la forma de hacer las cosas importa casi tanto como el fondo.

La concentración celebrada el 2 de septiembre en apoyo a Ceuta podía haber tenido una enorme fuerza simbólica si el llamamiento hubiera nacido precisamente allí: en Ceuta.

Imaginemos por un momento que hubiera sido su alcalde-presidente quien, ante una situación que consideraba grave, se hubiera dirigido solemnemente a todos los ayuntamientos de España:

«Ceuta os llama. Solidaridad. Unidad».

Habría sido una imagen poderosa: Ceuta llamando a España y España respondiendo a Ceuta.

El lejano recuerdo de Móstoles

La comparación histórica es inevitable, aunque naturalmente las circunstancias sean completamente distintas.

El 2 de mayo de 1808, mientras Madrid se levantaba contra las tropas francesas, los alcaldes de Móstoles, Andrés Torrejón y Simón Hernández, firmaron el célebre bando que alertaba de lo ocurrido y llamaba a acudir en ayuda de Madrid.

La tradición popular acabaría convirtiéndolo en algo todavía más grande: el símbolo de un pequeño municipio que llama a toda España.

No se trata, por supuesto, de equiparar aquella invasión napoleónica con la situación actual de Ceuta. Sería absurdo. Se trata de recordar la extraordinaria fuerza que puede tener un gesto cuando quien hace el llamamiento es precisamente quien se siente amenazado y pide solidaridad.

Pero no ocurrió así

La convocatoria nacional del 2 de septiembre partió de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP).

Fue impulsada por su presidenta, María José García-Pelayo, después de reunirse con el presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas.

Y aquí aparece una cuestión que merece reflexión.

Por lo que conocemos, la convocatoria no fue previamente deliberada ni acordada por los órganos colegiados de la FEMP. Los grupos representados en la Federación, salvo el Partido Popular, denunciaron precisamente que la decisión había sido adoptada unilateralmente por su presidenta.

Los Estatutos de la FEMP conceden a la Presidencia amplias facultades de representación y una competencia residual sobre aquellas funciones que no estén expresamente atribuidas a otros órganos. Por ello, no parece prudente afirmar sin más que la convocatoria fuese ilegal o contraria a los Estatutos.

Pero una cosa es preguntarse si podía hacerlo y otra distinta si era la mejor manera de hacerlo.

Porque estamos hablando de una convocatoria institucional dirigida a los 8.132 ayuntamientos españoles.

Ante una iniciativa de semejante alcance, habría resultado mucho más coherente con el espíritu de una federación plural que la propuesta hubiera sido sometida previamente a deliberación de sus órganos de gobierno, incluso mediante una reunión extraordinaria si la urgencia lo aconsejaba.

Deliberar no debilita una institución. La fortalece.

Y además permite que una decisión institucional sea verdaderamente de la institución y no solamente de quien circunstancialmente la preside.

Lo que pudo haber sido

Y aquí regreso a aquella imagen que me habría gustado contemplar.

El presidente de Ceuta haciendo un llamamiento a todos los municipios españoles.

Los ayuntamientos respondiendo voluntariamente.

La FEMP respaldándolo después, tras deliberarlo entre las distintas sensibilidades políticas que la integran.

Ceuta llamando a España.
España respondiendo a Ceuta.

Quizá habría tenido algo de aquel lejano espíritu de los alcaldes de Móstoles.

Pero no fue así.

Y entonces me viene inevitablemente a la memoria aquella hermosa expresión de bolero:

«Lo que pudo haber sido y no fue».

Porque algunas veces, también en política, lo que pudo haber sido resulta mucho más hermoso que lo que finalmente fue.

El odio al adversario también puede alimentarlo



EL ODIO AL ADVERSARIO TAMBIÉN PUEDE ALIMENTARLO

Hay una reacción casi automática ante determinados dirigentes políticos: «¡Qué odiosos!»

Es comprensible. Hay discursos, comportamientos y decisiones que pueden producir rechazo, indignación e incluso repugnancia.

Pero quizá convenga hacerse una pregunta incómoda:

¿Y si nuestro odio hacia ellos fuera precisamente una parte de su alimento?

La política de la polarización no vive únicamente de conseguir adhesiones. Necesita también enemigos.

Necesita que enfrente haya alguien que desprecie, ridiculice o demonice a quienes están al otro lado. Porque entonces resulta mucho más sencillo construir un relato:

«Nos odian. Nos persiguen. Quieren acabar con nosotros. Por eso tenemos que permanecer unidos».

El mecanismo no pertenece exclusivamente a una ideología. Puede utilizarlo la derecha o la izquierda, un nacionalismo o su contrario, un movimiento religioso o uno antirreligioso.

La identidad del adversario cambia; el mecanismo permanece.

EL CÍRCULO QUE SE RETROALIMENTA

La polarización puede convertirse así en un círculo:

PROVOCACIÓN → INDIGNACIÓN → ODIO AL ADVERSARIO → REACCIÓN DEL ADVERSARIO → MAYOR COHESIÓN DE CADA BANDO → NUEVA PROVOCACIÓN

Y cada vuelta de la rueda beneficia especialmente a quienes hacen de la confrontación su principal herramienta política.

Esto no significa caer en el cómodo «todos son iguales».

No todos los hechos tienen la misma gravedad ni todas las responsabilidades son equivalentes.

Una democracia necesita señalar la mentira, el abuso de poder, la corrupción, el autoritarismo o cualquier vulneración de derechos, venga de donde venga.

La cuestión es otra:

¿Cómo hacerlo sin convertir nuestra indignación en combustible para aquello que queremos combatir?

CRITICAR NO ES ODIAR

Podemos combatir unas ideas sin despreciar a quienes las sostienen.

Podemos denunciar a un gobernante sin considerar despreciables a millones de ciudadanos que lo votan.

Podemos exigir responsabilidades sin deshumanizar al adversario.

De hecho, esa distinción resulta esencial para conservar el espíritu crítico.

Cuando alguien pasa de ser un adversario a convertirse simplemente en «uno de los malos», dejamos de analizar lo que hace. Empezamos a interpretar automáticamente todo cuanto hace según la etiqueta que previamente le hemos colocado.

Y entonces los hechos pierden importancia.

También nosotros hemos entrado en la lógica de la trinchera.

UNA PARADOJA QUE MERECE LA PENA RECORDAR

Quien basa su poder en la confrontación necesita adversarios enfurecidos casi tanto como seguidores entusiasmados.

Por eso quizá la respuesta más eficaz ante determinados discursos no sea aumentar el volumen del desprecio, sino hacer algo mucho más difícil:

Examinar los hechos.

Desmontar las falsedades.

Exigir responsabilidades.

Y, al mismo tiempo, negarnos a participar en la deshumanización del contrario.

Porque existe una paradoja que deberíamos tener siempre presente:

EL ODIO AL ADVERSARIO NO SIEMPRE LO DEBILITA.
MUCHAS VECES LO ALIMENTA.

Y quizá una de las mejores formas de combatir la polarización sea precisamente negarle ese alimento.


La verdad importa. Y si no nos gusta, importa más.

JAPA