lunes, 30 de marzo de 2026

Inmigración: cuando el dato pierde frente al relato

 


Durante años, el debate sobre la inmigración en España ha estado dominado por percepciones, emociones y, con demasiada frecuencia, por simplificaciones interesadas. Sin embargo, cuando uno se detiene en los datos —no en su uso superficial, sino en su análisis riguroso— el panorama que emerge es muy distinto del que suele ocupar titulares.

El sociólogo y demógrafo Jesús J. Sánchez Barricarte lo explica con claridad: comparar delincuencia entre población autóctona e inmigrante sin ajustar por edad y sexo es un error metodológico grave. Y no es un detalle técnico menor. Es la diferencia entre describir la realidad o deformarla.

Cuando se corrige ese error, las diferencias en delincuencia se reducen drásticamente. Y cuando se introducen factores como la pobreza, la supuesta relación entre inmigración y criminalidad simplemente desaparece.

Este hecho debería bastar para replantear muchas certezas. Pero no lo hace.

¿Por qué?

Porque el debate público no se está librando en el terreno de los datos, sino en el del relato.


📊 El dato incómodo

Entre 2017 y 2023, la población inmigrante en situación irregular en España creció más de un 300%. Sin embargo, las tasas de delincuencia no aumentaron. En el caso de los extranjeros, incluso descendieron ligeramente.

Este dato no encaja con el discurso dominante en ciertos espacios. Y cuando un dato no encaja, no siempre se revisa el discurso: a menudo se ignora el dato.


⚙️ El verdadero origen del problema

La inmigración irregular no surge del caos, sino del orden —o, más bien, del desajuste del sistema.

España necesita mano de obra. Lo dicen los datos del mercado laboral. Lo evidencian las vacantes sin cubrir. Lo confirma la estructura económica.

Pero, al mismo tiempo, se ofrecen muy pocos visados de trabajo.

El resultado es previsible:

  • la demanda existe
  • la oferta llega
  • pero lo hace por vías irregulares

No es un fallo de las personas. Es un fallo del diseño institucional.


📺 El papel del relato

A este desajuste se suma otro elemento: la construcción mediática del problema.

La reiteración de casos aislados, la selección de noticias y la asociación constante entre inmigración y conflicto generan lo que la sociología denomina “pánicos morales”: percepciones de amenaza que no se corresponden con los datos reales.

Aquí aparece una responsabilidad compartida.

Por un lado, fuerzas políticas que explotan ese miedo con fines electorales.
Por otro, quienes, en lugar de contrarrestarlo con datos, recurren al insulto.

Y ese es un error estratégico profundo.


⚖️ El error estratégico del insulto

Hay un elemento especialmente preocupante en el debate actual sobre la inmigración: el uso del insulto como herramienta política, especialmente cuando procede del propio poder.

Cuando se descalifica de forma sistemática a quienes sostienen posiciones críticas —equiparándolos sin matices a actitudes extremas— no se está desmontando su discurso. Se está reforzando.

Porque el insulto no desmonta un argumento: lo sustituye.

Y al hacerlo, produce un efecto perverso: cierra filas en torno al grupo criticado, lo cohesiona internamente y le otorga una identidad de resistencia frente a un poder que perciben como hostil.

Este mecanismo no es nuevo. Tiene precedentes claros en la historia política europea. En la Francia de François Mitterrand, la estrategia de confrontación y exposición del Frente Nacional de Jean-Marie Le Pen acabó teniendo un efecto contrario al buscado: lejos de debilitarlo, contribuyó a su consolidación.

El adversario dejó de ser marginal para convertirse en estructural.

Hoy asistimos a una dinámica similar. Problemas complejos, como la inmigración, se abordan en clave electoral, no en clave de análisis. Y eso tiene un coste: el deterioro del debate público.

Porque cuando la política abandona el terreno de los datos y entra en el de la descalificación, deja de buscar soluciones y empieza a producir identidades enfrentadas.

Y en ese terreno, la verdad importa menos que la pertenencia.


📈 Lo que dicen los datos (y lo que no se dice)

La inmigración no solo no es una carga estructural, sino que presenta efectos económicos positivos:

  • población joven
  • incorporación directa al mercado laboral
  • contribución al crecimiento económico superior a su peso demográfico

Además, permite algo menos visible pero fundamental: la reorganización del trabajo en la sociedad. Muchas actividades que sostienen la vida cotidiana permiten que otras personas se dediquen a tareas de mayor valor añadido.


🧠 Una reflexión final

El problema no es la inmigración.

El problema es cómo hablamos de ella.

Cuando los datos se manipulan o se ignoran, cuando el debate se sustituye por consignas, cuando el adversario se convierte en enemigo, la política deja de ser deliberación para convertirse en confrontación emocional.

Y en ese terreno, la verdad importa cada vez menos.

Quizá la cuestión no sea si hay que estar a favor o en contra de la inmigración.

Quizá la cuestión sea otra:

¿Queremos entender la realidad o simplemente confirmar nuestras creencias?


📚 Fuente

Entrevista a Jesús J. Sánchez Barricarte publicada en prensa (marzo de 2026)

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