miércoles, 4 de marzo de 2026

 

Cuando la política se convierte en una hinchada



En muchos debates políticos actuales ocurre algo curioso: los hechos parecen cambiar de significado según quién los protagoniza.

La misma acción puede considerarse intolerable cuando la realiza el adversario y comprensible cuando la realizan los propios.

Esto ocurre con frecuencia en conflictos internacionales recientes.

El ataque de Hamas contra civiles israelíes el 7 de octubre de 2023 fue una agresión deliberada contra población civil.
Desde el punto de vista del derecho internacional humanitario, acciones de este tipo constituyen crímenes de guerra.

La respuesta militar de Israel sobre Gaza Strip ha provocado a su vez una devastación enorme y un número muy elevado de víctimas civiles, lo que ha llevado a numerosos observadores a hablar de masacres de población civil y posibles crímenes de guerra.

Sin embargo, el debate público suele dividirse en dos relatos incompletos.

Unos enfatizan exclusivamente la devastación causada por la respuesta israelí.
Otros se centran únicamente en la agresión inicial de Hamás.

Pero ambas cosas forman parte del mismo problema.

Para comprender un conflicto no basta con mirar una sola parte.

Hay que plantearse al menos dos preguntas:

quién inicia la violencia
y cómo responde el agredido.

Cuando una de estas dos dimensiones desaparece del análisis, el relato se vuelve parcial.

Algo parecido ocurre cuando se analiza el régimen de Iran, una república islámica teocrática con fuertes restricciones a las libertades políticas.

La historia reciente del régimen incluye episodios de represión extremadamente duros. Uno de los más conocidos es la ejecución masiva de prisioneros políticos en 1988, donde diversas organizaciones de derechos humanos estiman que alrededor de 30.000 personas fueron ejecutadas tras juicios sumarios.

También en protestas más recientes se han producido centenares de muertos.

Cuando se producen tensiones militares en torno a Irán, el debate internacional suele centrarse en la legitimidad o legalidad de la acción inicial, pero con frecuencia se presta menos atención a las represalias posteriores del régimen.

De nuevo aparece una percepción selectiva.

En unos casos se enfatiza la agresión inicial.
En otros, la respuesta.

Este fenómeno tiene mucho que ver con la forma en que hoy se vive la política.

Cada vez más, la política funciona como una dinámica de hinchadas.

En el fútbol ocurre algo conocido.

Cada afición tiende a justificar las faltas de su equipo y a exagerar las del rival.

Pero el fútbol mantiene algo esencial: todos aceptan que existe un árbitro y unas reglas comunes.

Si un jugador marca un gol con la mano, el árbitro lo anula.

Nadie aceptaría que el gol valiera simplemente porque lo ha marcado su propio equipo.

En política, en cambio, ocurre con frecuencia lo contrario.

Cuando la lógica de “nuestra tribu” domina el análisis, lo que condenamos en el rival lo justificamos en los nuestros.

Y entonces aparece otro error frecuente: confundir la parte con el todo.

Se identifica a todos los palestinos con Hamás.
A todos los israelíes con su gobierno.
A todos los votantes de un partido con sus sectores más radicales.

Es el mismo error que decir que los ultras representan a todos los aficionados de un club.

La realidad política, como la social, siempre es más compleja.

Por eso quizá convenga recordar algo sencillo.

Los conflictos pueden ser complejos, pero la coherencia moral no debería serlo tanto.

Para analizar un conflicto hay que mirar las dos cosas:

quién inicia la violencia
y cómo responde el agredido.

Cuando solo vemos una de ellas, dejamos de analizar los hechos.

Y empezamos a mirar el mundo desde el punto de vista de nuestra tribu


¿Juzgamos los hechos…
o juzgamos quién los comete?

Si una acción es injusta cuando la hace el adversario,
¿por qué deja de serlo cuando la hacen los nuestros?

¿Estamos analizando un conflicto
o defendiendo a nuestra tribu?

¿Criticamos las acciones…
o simplemente criticamos al bando equivocado?

Si aplicáramos el mismo criterio moral a todos,
¿cambiaría nuestra opinión sobre algunos conflictos?



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