Ciertas prácticas (señalamiento, persecución del
disidente, justificación de la violencia) no desaparecen con los regímenes
que las originaron.
Y es históricamente cierto:
- El nazismo y
el fascismo fueron derrotados militarmente en la Segunda
Guerra Mundial
- Pero algunas
dinámicas autoritarias (intolerancia, deshumanización del adversario)
pueden reaparecer en otros contextos
No se trata de etiquetas ideológicas, sino de prácticas
concretas.
Algunas de las prácticas más abominables del siglo XX
—perseguir al disidente, señalarlo públicamente, justificar la violencia contra
él— no desaparecieron con la derrota del fascismo.
Cambian los discursos, cambian las banderas… pero esas
prácticas reaparecen, incluso en quienes dicen combatirlas.
El fascismo fue derrotado.
Pero sus peores prácticas no.
A veces cambian de nombre…
y hasta de bando.
No todo el que se llama antifascista combate el fascismo.
Algunos solo cambian el enemigo…
y repiten las mismas prácticas.
Cuando justificas la persecución del adversario
porque “es por una buena causa”,
ya no estás combatiendo el fascismo:
estás repitiendo su lógica.
Sin reciprocidad, los principios dejan de ser principios y
se convierten en herramientas.
Ciertas prácticas (señalamiento, persecución del
disidente, justificación de la violencia) no desaparecen con los regímenes
que las originaron.
Y es históricamente cierto:
- El nazismo y
el fascismo fueron derrotados militarmente en la Segunda
Guerra Mundial
- Pero algunas
dinámicas autoritarias (intolerancia, deshumanización del adversario)
pueden reaparecer en otros contextos
No se trata de etiquetas ideológicas, sino de prácticas
concretas.
Algunas de las prácticas más abominables del siglo XX
—perseguir al disidente, señalarlo públicamente, justificar la violencia contra
él— no desaparecieron con la derrota del fascismo.
Cambian los discursos, cambian las banderas… pero esas
prácticas reaparecen, incluso en quienes dicen combatirlas.
El fascismo fue derrotado.
Pero sus peores prácticas no.
A veces cambian de nombre…
y hasta de bando.
No todo el que se llama antifascista combate el fascismo.
Algunos solo cambian el enemigo…
y repiten las mismas prácticas.
Cuando justificas la persecución del adversario
porque “es por una buena causa”,
ya no estás combatiendo el fascismo:
estás repitiendo su lógica.
Sin reciprocidad, los principios dejan de ser principios y
se convierten en herramientas.

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