jueves, 1 de octubre de 2015
sábado, 19 de septiembre de 2015
Nacho Tirado
Este es el contenido de un email que escribí hace muchos meses a un buen amigo y compañe
ro, ante su petición -bienintencionada y bien fundada- de que apoyáramos la petición de un referéndum en Cataluña. Su intención era ganar el referéndum (que ganase el no), pero creía que hacerlo era justo e incluso conveniente. Copio extractos porque sirven de complemento a un post reciente de Felix Ovejero sobre la necesidad de hablar de consecuencias reales a la gente. Mucho de lo que escribo está ya muy "manido", pero quizás pueda tener algo de interés.
"Querido ...
Como sabes mejor que nadie, el derecho de autodeterminación es un derecho reconocido internacionalmente para casos de descolonización y culturas (pueblos) oprimidos. Allí donde existen reglas democráticas, profundo autogobierno, libertad absoluta –incluso preponderancia- cultural y educativa, donde la lengua propia es libremente propiciada, defendida, fomentada –e incluso impuesta- desde las instituciones propias, el derecho de autodeterminación no existe. No existe desde el punto de vista del concepto como parte del derecho internacional, y menos aún desde el punto de vista de los derecho humanos. Pero es que tampoco existe desde el punto de vista de la justicia material. En mi opinión, las razones fundamentales son las siguientes (y resumo mucho) [insisto: el análisis es válido para un contexto como el descrito arriba, con democracia y libertad y respeto a la cultura propia, como, en mi opinión, acontece en Cataluña]:
-La separación de una parte de un estado supone un absoluto trauma socio-económico para los ciudadanos de la entidad separada y de la que se deja atrás. En diferentes grados, en el caso de Cataluña.
(i) Los ciudadanos de Cataluña sufrirían, sin el más mínimo género de dudas, un empobrecimiento que les retrotraería al inicio de los años 60, y que se comería entre 2 y 3 generaciones. Comenzarían sin acceso a los mercados, algo que tardarían mucho en ganar. Diga lo que diga el President (qué gran demócrata!), se saldrían de la UE y, por tanto, del euro (para que un país que no forma parte de la estructura de moneda única pueda utilizar la moneda ajena es necesario que se produzca un protocolo con el emisor (el BCE), que debería ser aprobado por las instituciones europeas). En este caso, pero también aunque no salieran del euro, se produciría una automática fuga de depósitos. Esto sería así porque cuando un país genera moneda propia, al dejar de contar con la estabilidad de las estructuras compartidas, se produce automáticamente una devaluación. La devaluación implica que los depósitos pierden su valor en la cuantía de lo devaluado: quien tenía 100 euros en el banco, al día siguiente pasa a tener 100 de la nueva moneda, que se cambiaría en el mercado por 30/50 euros, o la cantidad en que se pierda el valor. La alternativa a esta situación sería el establecimiento de una paridad artificial con el euro, algo que atenuaría temporalmente la fuga de depósitos pero que destrozaría la economía real, al hacer perder de golpe toda posibilidad de competir (por la tenencia de una moneda sobrevalorada). Naturalmente, esto haría quebrar a los bancos catalanes, salvo que huyesen del "país", cambiando de domicilio (es decir, dejando Cataluña sin sistema financiero nacional). Esto es solo el primero de los efectos. No quiero seguir, pero podría llenar hojas con los efectos automáticos de la independencia para empresas y ciudadanos de Cataluña; aunque antes de parar quizás convendría recordar que casi el 60% del PIB catalán se genera por intercambios con el resto de España, algo que se reduciría drásticamente, generando el caos absoluto en el sector económico y provocando quebrantos masivos a los ya quebrados bancos. Naturalmente, tanto si se producen las quiebras bancarias como si se da la fuga de entidades, es inevitable que el crédito se resienta. Esto incrementaría exponencialmente la destrucción del tejido empresarial [por cierto, no es éste un tema que carezca de interés "político": los políticos catalanes que se quejan de la transferencia de rentas públicas catalanas a los organismos públicos del resto de España, que es una realidad incuestionable (parte de los impuestos pagados por los catalanes se redistribuyen), parecen olvidar que el saldo comercial del sector privado a favor de Cataluña es mucho mayor, de modo que lo que reparten lo recuperan con creces a través de financiación privada]. Una Cataluña, pues, quebrada en economía real y financiera, que solo podría seguir adelante con el apoyo del FMI (ya no podría acogerse al Mecanismo Europeo de Estabilidad, al estar fuera del euro). Y durante muchos años de travesía en el desierto… Pero no se trata de eso. No es eso. En realidad, es probable que Cataluña, tras unos 20 o 30 años, fuese un país próspero. Eso sí, los que hayan sufrido la transición, quizás se preguntarán si valió la pena. ¿Todo a cambio de qué? ¿De participar en los mundiales?
(ii) Los ciudadanos del resto de España sufrirían una condena probablemente aun mayor: las 2 o 3 generaciones para la recuperación, serían 4 o 5, si no, más bien, infinitas generaciones, porque existe el riesgo de que España no existiera más. Quizás sea un cenizo, pero creo comprender la psique nacionalista (que, a diferencia de lo que creo que pensáis muchos, no tiene nada de democrática), y estoy absolutamente convencido de que a Cataluña le seguiría, sin solución de continuidad, el País Vasco, y luego Galicia, y los pan-catalanistas (que son los independentistas de toda la vida allí), reivindicarían Baleares y Valencia. Y por qué unos sí y otros no? Si se abre la veda, y el único requisito es la "exigencia democrática" de un referéndum "para que el pueblo decida su propio destino", por qué no también los demás? Naturalmente, no creo que haga falta que te cuente los efectos económicos brutales de todo ello para los ciudadanos. Por no mencionar los sociales, de desgarro, odio sobrevenido, rencor, desengaño y separación familiar que se producirían. Habría que ver si ello no acaba en tragedia de sangre. Pero no dejes que me ponga trágico. Solo una breve reflexión adicional sobre la economía: ¿y la deuda? ¿Nos quedaríamos los españolitos con toda la deuda? Seguro que me dices que no, que eso ya lo asumiría Cataluña, y, como creo que dices en la propuesta, sería requisito para permitir la independencia. Pero…es que eso no depende de España o de Cataluña: depende de los acreedores. Es lo que tiene el derecho privado, que si prestas dinero a un sujeto, para que te lo cambien, has de consentirlo. Y el único deudor de los bonos del estado español es…el estado español. Así que, si Cataluña se va, España deberá responder frente a terceros. Y deberá pagar la deuda con un 20 por ciento menos de sus activos, porque los demócratas catalanes se habrán dejado la deuda en el estado opresor, pero se habrán llevado los activos. Todo un ejemplo del manipulador y racista, "España nos roba". ¿No? Todo muy, muy democrático. Que los catalanes solos decidan eso. Muy democrático.
-Pero… ¿de verdad se puede causar tanto daño a la gente simplemente porque los catalanes tienen el derecho "democrático" a decidir en solitario "su destino"? ¿Pero de verdad es que el resto de los españoles no tienen nada que decir sobre su empobrecimiento brutal y la destrucción de su marco de convivencia? ¿Por qué no? ¿Por qué eleváis a tan alto nivel el supuesto "derecho democráctico de autodeterminación"? Aunque solo sea comparando sufrimientos (el sufrimiento causado por la separación frente al sufrimiento de seguir estando a un estado ajeno, que te garantiza todas las libertades lingüísticas, culturales y democráticas), creo que la cosa está muy clara. La autodetermianción es materialmente injusta. Genera un sufrimiento brutal a cambio de poco. Porque el ideal "romántico" de "pueblo libre", que, por cierto, tan de capa caída anda a estas alturas de la película, es más bien poco. Y lo es por dos razones más (y prometo terminar ya):
a) Lo es porque cuando, como he repetido, hay libertad social, cultural y lingüística para desarrollar plenamente la propia identidad, la búsqueda de la separación política no es más que una cuestión de élites. Los presidentes de regiones quieren ser presidentes de países; los consejeros ministros; los jueces del tribunal superior jueces del tribunal supremos; los intelectuales locales, intelectuales nacionales. Es un tema de poder, de vanidad y de control. Y el "pueblo", en cuyo nombre se hace todo, gana nada. Pierde, porque la desunión solo genera desgracia.
b) Lo es también porque el supuesto "derecho democrático" a la autodeterminación que se presenta como algo estructural y mayoritario en Cataluña es claramente algo puramente coyuntural. Es el resultado de una brutal propaganda de años (créeme, no hablo de leerlo en la "prensa de la caverna" de Madrid, sino que, como te dije, he crecido con TV3 y escuchando Catalunya radio), que ha generado una hoguera regada por el alcohol de la crisis económica. Siempre –siempre- han sacado los nacionalistas catalanes el cuento de que España les roba ("els nostres impostos a la nostra terra" rezaba una pintada en un muro frente a la casa de Castellón donde me crié…crecí leyendo eso cada día de mi vida hasta los 18 años), pero ha sido con la brutal crisis actual que ha prendido de verdad en los ciudadanos de allí. Pero no tienes que tomar mi palabra por ello: basta que eches un ojo a las encuestas de hace solo 5 o 6 años: el número de independentistas no superaba el 15%. Así que, en mitad de la mayor crisis en 50 años, hemos pasado del 15 al 55% en 5 años? Es eso de verdad el "inalienable" sentimiento de la ciudadanía catalana? O quizás el resultado de una coyuntura aprovechada por élites en su beneficio? Para ser coherente en tu propuesta, para ser verdaderamente "demócrata", quizás deberías reconsiderar el momento. Quizás sería más justo que ese referendum, si ha de darse, lo haga cuando haya pasado la crisis y la gente pueda votar en auténtica conciencia, sin el estado de excitación actual. Por qué crees que Mas y sus amigos están tan empeñados en que se haga lo antes posible? Porque saben que, en otras circunstancias, la cosa sería bien distinta. Quizás volveríamos a ese 15%???
Es decir, querido amigo, que lo democrático es poner el cuestión el modelo de convivencia, arriesgarse a que millones de ciudadanos pasen a la pobreza y quizás sufran males mayores, sólo porque las élites quieren blandir banderas propias. Pues lo siento, pero desde luego mi opinión es que no. Y te aseguro que no me siento menos demócrata que vosotros por ello.
Cataluña: la encrucijada ANTONIO ELORZA
Cataluña: la encrucijada
En una conferencia pronunciada en la UNED hace varios meses, Íñigo Errejón esgrimió un ejemplo de alto riesgo para resaltar la importancia de la claridad de ideas. Adolf Hitler habría proporcionado una explicación válida de la crisis, provocada por “la confabulación de las potencias internacionales y la usura de los banqueros judíos” (sic), quienes “habrían puesto de rodillas a Alemania”. Sin embargo, advierte, que falsa o verdadera la coherencia de su discurso le permitió construir una realidad, el dominio del nacionalsocialismo.
La apreciación es del todo aplicable a cuanto ocurre en Cataluña. Mas, Junqueras y el coro de seguidores han acuñado un relato lleno de simplificaciones y falsedades en torno al lema central de “España contra Cataluña”, que justificaría la declaración unilateral de independencia. Un grupo de historiadores militantes, encabezados por Josep Fontana, le avala. Los mismos tópicos se repiten machaconamente y todo argumento en contrario es ignorado. Siguiendo una aplicación de las tácticas que permiten el despliegue del efecto-mayoría —a on va la gent, fa cap Vicent—, han conseguido así llenar el escenario social, con el fervor de una masa de hinchas del Barça. Guste o no, el procedimiento ha funcionado, borrando de la visibilidad y de la condición de catalán a quien no asuma el independentismo.
Frente a ello, no ha habido sino el rechazo monocorde del Gobierno, con la Constitución a modo de muralla china, y una confusión generalizada, incluso en el PSOE-PSC, yendo más allá incluso de la equidistancia condenada por Felipe González: Rajoy es el único enemigo. Ciutadans está solo, como en la otra vertiente UDC. La mayoría de los intelectuales, después del aldabonazo que diera Rubio Llorente a favor de la consulta, han optado por quedarse al margen y no desgastarse en la pugna. El “me duele España” está hoy tan mal visto como entrar en el recinto sagrado de Mas para proclamar que también duele esa transformación de la Cataluña de Espríu, la que en los sesenta sirviera de faro a los demócratas de la pell de brau, en la de los herederos del Estat Català de los treinta. Cataluña es hoy un mito al servicio de un nacionalismo de exclusión.
Lo que más irrita al “soberanismo” es la comparación con esos antecedentes de los años treinta, al impulsar la Generalitat una homogeneización forzosa de las ideas en la sociedad catalana. Sobran pruebas. ¿Ofrece el Gobierno de Mas un marco pluralista donde se confronten las distintas opciones de futuro?, ¿deslinda los campos entre la institución y los partidos independentistas?, ¿hay algo en su discurso que no sea descalificación de la inserción en España?, ¿respeta el marco legal en función del cual ejerce el poder?
Cataluña no es la Eslovenia del 90% de independentistas.
Los rasgos totalistas son incuestionables. Distinción entre pureza (Cataluña, independentistas,sí) e impureza (España, negación de Cataluña, no). Monopolio del discurso público desde la Generalitat, sacralizando el sí como instrumento del “pueblo catalán”; condenando el no como oposición a Cataluña. Sacralización del nombre de Cataluña, esencia suprahistórica, portadora desde tiempo inmemorial de un ansia democrática negada por España. Arrepentimiento tipo confesión: amaban a España, buscaron pactar, pero ya solo cabe el divorcio político. Lengua de palo en los elogios y las descalificaciones a críticos y disidentes (Mas sobre la carta de Felipe: “panfleto incendiario”). Cierre del espacio público —Generalitat, TV3— a toda expresión alternativa (Borrell). Los del noni existen políticamente ni deben existir: son para la Generalitat ciudadanos de segunda clase cuya opinión no cuenta; que sigan fieles a La Roja. Si este entramado ideológico no supone un totalitarismo horizontal, ¿qué es?
Cataluña no es la Eslovenia del 90% de independentistas. Únicamente cuando existe un predominio estable y con mayoría cualificada de la opción independentista tiene sentido la autodeterminación. Nunca con el 45%. Añadiendo que la fragmentación de Estados democráticos en la UE es siempre negativa. Pero la hipótesis cabe, después de la desafortunada experiencia de este quinquenio, y de consolidarse una mayoría del 60% en más de una elección normal, conviene que exista un cauce constitucional para la nueva situación. El paso previo sería la reforma federal del Estado, abierta a esa perspectiva. Algo alcanzable dentro de la Constitución de 1978 (artículos 167-168). Solo que no sirve el diálogo, mientras siga el monólogo anticonstitucional de Mas, previsiblemente triunfante por un sistema electoral injusto. Y el rechazo debiera ser tan efectivo como abierto a desarrollos ulteriores.
Antonio Elorza es catedrático de Ciencia Política.
viernes, 18 de septiembre de 2015
Secesión frente a democracia pasiva EDUARDO TEO URIARTE
Secesión frente a democracia pasiva
EDUARDO TEO URIARTE – 17/09/15
· Denunciaba hace días Santiago González un hecho que da que pensar: “el sábado, durante el partido clasificatorio de la Eurocopa en el Carlos Tartiere, una parte del público abucheó repetidamente a Gerard Piqué, ese mocetón sin malicia que ejerce de defensa en el Barça y en la selección. El héroe del partido, el manchego Iniesta, dijo al final del encuentro: “me gustaría que se acabaran los pitos a Piqué”. En vísperas de la final de la Copa del Rey en la que se abucheó al Rey y al himno nacional el pasado 30 de mayo, el fenómeno de Fuentealbilla se limitó a decir: “quien quiera dar sus opiniones que las dé”.
Es evidente el desequilibrio que manifiesta de una forma espontánea y sincera el jugador. Para él, un futbolista, lo que le importa son los pitos a un compañero de profesión y no los dirigidos de forma organizada y masiva al jefe del Estado. Es más importante, dicho con toda naturalidad, el futbolista que el máximo representante del Estado. Y es tan inocente la forma de decirlo que no solo evidencia un profundísimo déficit de cultura política (o cierta perversión anarquista) respecto a cualquier ciudadano de nuestros entorno europeo, sino que también define como peligrosamente despolitizada, bastante idiota, según su acepción clásica, a la sociedad que lo asume con naturalidad.
Está claro que Iniesta no desea llamar la atención con esto, le parece correcto manifestarlo así, no tiene ningún pudor en decirlo ni es consciente de la significación que entrañan ambos juicios: el desamparo del Estado por parte de un ciudadano con reconocimiento público. En España hay muy pocos dispuestos a defenderla, los ciudadanos españoles desconocen lo que les puede afectar en sus vidas cotidianas si acaban en el estado de naturaleza o a medio camino de él. Pues desde que el estado de bienestar empezó a funcionar creen que es un supermercado sin límite, ajenos totalmente a lo que ocurre en otros países empezando por Venezuela y pasando por Grecia. Es ante este tipo de manifestaciones erosivas del sistema de convivencia cuando se echa de menos la necesidad de educación cívica.
Podríamos seguir la pista a este tipo de argumentaciones representativas de lo que aparece correcto cuando descubrimos, ya en el terreno político, lo que escribe Manuel Cruz (El Confidencial, “Votar compromete, pero poco (o cada cual interpreta su voto como quiere)”, 12, 09, 2015) comentando las razones que dieron Ada Colau y Trias para votar la independencia el 9 N: ““fue la prepotencia y la arrogancia del PP” la que hizo que alguien que no se considera nacionalista no independentista votara la independencia”. En mi opinión es desquiciado el argumento de ambos políticos.
Pero lo importante, de nuevo, es intentar descubrir el por qué suenan bien y correctas esas falacias, teniendo en cuenta que nadie en el mundo ha optado por la secesión de un país democrático debido a la consideración que le merece el partido que en ese momento lo gobierna. Quizás se pueden decir tales disparates porque se ha extendido que el PP es opresor, y que España, donde gobierna un partido como el PP, no es auténticamente democrática, propagado nada menos que por su compañero de viaje desde los inicios de la democracia, el PSOE. Además, puestos a decir barbaridades, España roba a los catalanes y el PP es el que fractura España. De los mensajes de algunos partidos, de los nacionalistas, pero sobre todo del PSOE, es de donde proviene la idiotez política de la sociedad española.
Pero probablemente la carga de profundidad ideológica para el sistema, el aval a cualquier iniciativa rupturista, sea la Ley de la Memoria Histórica por las consecuencias culturales que la misma ha creado en amplios sectores de la opinión pública. Dicha memoria histórica ha promovido un discurso que supone no sólo un baldón deslegitimador del PP, al ser declarado por la izquierda sucesor del franquismo, sino a todo el Estado actual, puesto que éste se consensuó con la derecha. Concepciones que ponen en duda la naturaleza democrática de nuestra izquierda y el bajo nivel de nuestro republicanismo, (pues observa éste exclusivamente, en contra de su naturaleza, como un arma subversiva proyectada al enfrentamiento). Para colmo el PSOE, en su obsesión de diferenciarse en la defensa del sistema mediante terceras vías, deja como única fuerza política del pasado a favor de la legalidad, de la Constitución (con permiso de Margallo), del Estado, a esa derecha declarada sucesora del franquismo. Le deja solo a un PP manchado por la negra leyenda de la memoria histórica. En este contexto la secesión y cualquier ruptura disponen de un inmenso espacio argumental para tumbar el sistema.
Pero, también, el PSOE, que hace mutis por el foro a la hora de defender con claridad la unidad y legalidad constitucional, no lo vayan a confundir con la derecha, no sólo ha convertido al PP, a ese PP corrupto, opresor, limitador del estado de bienestar, nada menos que en el defensor fundamental del sistema para desgracia del mismo, sino que ha roto la adhesión hacia el sistema de sectores sociales cercanos a su ideario. Ha desmovilizado a amplios sectores populares que hasta no hace mucho tiempo, hasta antes de ZP, creían que la España democrática era una cosa interesante y buena a sostener frente a aventuras como la secesión y otras formas de ruptura política. Una acción disolvente que ya se dio durante la II República y la guerra civil, donde parecía, salvo en los bandos publicados por el general Rojo, que España y legalidad eran cosas de la derecha.
Rupturas y fracaso de los viejos partidos.
Todo colectivo humano, y los partidos lo son, con el paso del tiempo se convierten en un fin en sí mismo. Quizás en España, debido a la situación privilegiada que dispusieron desde los momentos previos a la Transición por venir a sustituir una dictadura, el poder al que accedieron, si los comparamos con países cercanos, ha sido muy grande. Pero debido precisamente a ese poder que les apartaba de la sociedad su degeneración ha sido más rápida que en otros sitios. De tal manera que muy pronto empezaron a dejar de existir para la política, los acuerdos y pactos desaparecieron, y se conformaron a vivir de la política usando su plataforma de poder para la obtención de recursos mediante la corrupción. Procedimiento para potenciar grandes aparatos y crear redes clientelares que parecían el auténtico sostén del colectivo cuando llegaban los momentos de acercarse al pueblo, que era exclusivamente en las elecciones. El abandono de la política trajo aparejado el incremento de la corrupción.
Da la impresión que en sus momentos iniciales los partidos comprometidos en la Transición se repartieran la tarta, o que creyeran que por estar presentes en el momento fundacional de nuestro sistema tenían que tener garantizado su parte del poder. Síntoma del temor a su pérdida, el descubrimiento agónico de que tu partido puede ser mandado a la desamparada oposición, y de ésta a su desaparición, fue la irrupción del plan soberanista promovido por Ibarretxe. Si éste hubiera salido adelante sólo los nacionalistas seguirían siendo ciudadanos vascos y el resto alemanes en Mallorca, asegurándose así el poder los nacionalistas vascos. Artur Mas, que vio durante dos legislaturas que un pacto entre socialistas y nacionalistas radicales le arrebataban el poder, y que las garantías del pasado se desvanecían, pues hasta Jordi Pujol era procesado por corrupción, decidió asegurarse el futuro de los suyos antes que escándalos económicos y una mala gestión financiera de la Generalitat le mandara al muladar de la historia. Y se lanzó a la independencia.
El democrático proceso hacia la secesión mediante la movilización de amplias masas garantizaría aún más el ejercicio, incluso arbitrario, del poder. Porque es difícil creer que tras tan arrollador nivel de movilización popular, ayudada por la presión mediática y social utilizada -empleando recursos del Estado-, el sistema que se proponga posteriormente vaya a ser democrático. Lo coherente es que un proceso de llamamiento a la movilización de las masas, radicalmente democrático, que usa el victimismo y la arenga emotiva frente la maldad de los presuntos opresores, y bajo el estandarte de la uniformidad nacionalista, acabe liquidando, eso si por aparente procedimiento democrático, a la propia democracia. A ver quién tras la larga marcha le dice a Mas que no use en su favor los medios de comunicación y aparte la menor crítica y a sus promotores como enemigos de Cataluña cuando ya lo está haciendo.
Otros, que descubren que el partido va a menos, empiezan a temer por el futuro, pues si la mayoría absoluta del PP se repitiera pudieran ser borrados del mapa, por lo que empiezan a buscar fórmulas para evitarlo. Y en vez de buscar las culpas dentro, en sus errores, buscan el chivo expiatorio en la Constitución, y en vez de una marcha por la Diagonal emprenden el proceso de su reforma federal, dejando de paso solo al PP en su defensa (con permiso, de nuevo, de Margallo). Sin embargo, las constituciones no suelen fracasar, hay malas constituciones que han funcionado y funcionan, incluso lugares donde no existe, pero el sistema pervive si los partidos tienen un cierto nivel de actuación política. Pero eso se perdió tras Felipe y Aznar. La Constitución no ha fracasado, sus carencias, que no son tantas, podían haber sido suplidas (incluso reformadas al ser detectadas) si la deliberación política, que es para lo que se inventaron los partidos, hubiera existido. Pero se dedicaron a otra cosa.
Los partidos de la transición están viejos, hoy son inseguros, por eso buscan soluciones traumáticas que les salven, que salven a las jerarquías de sus partidos y a sus notables. Ni siquiera a todo el partido. Soluciones trágicas, que pueden suponer rupturas sociales y empobrecimiento de la gente. Pero eso no importa, porque lo importante, como en una parodia del estalinismo, es el partido. Por eso Podemos ha podido surgir sin demasiado esfuerzo llevando a sus lógicas consecuencias las demagógicas iniciativas izquierdistas de Zapatero y clamando por la ética ante la corrupción. Y a Ciudadanos le ha bastado con la defensa del Estado surgido de la Transición, de la legalidad y, también, el rechazo de la corrupción, para estar presente de una forma tan rápida en el escenario político nacional. La Constitución no fue la que ha fracasado, han sido los viejos partidos.
Ante este fracaso político promovido por la monopolización de lo público por parte de unos partidos no se le puede exigir a la sociedad ni demasiado conocimiento de la realidad política ni excesiva responsabilidad ante los retos. Existe la generalizada opinión de que los ciudadanos que no son nacionalistas en Cataluña están amilanados, excesivamente silenciosos, después de tanto silencio cómplice hacia el nacionalismo por parte de los grandes y viejos partidos con tal de recibir su apoyo en Madrid, después de todas las concesiones que se le ha ofrecido por los mismos. Después del monopolio de la vida política por los partidos no se puede pedir a la sociedad esfuerzo responsable y el ejercicio de una libertad activa. A la sociedad española se le ha educado a vivir del sistema, y lo ha hecho muy bien hasta que ha llegado la crisis económica, pero a no participar en lo público, pues ese espacio los partidos se lo quedaron celosamente, ofreciendo, consiguientemente, a la ciudadanía una liviana concepción de lo político, si no su rechazo, y una forma pasiva, y bastante cómoda, de comportarse en democracia.
La democracia pasiva, que suele ser sumisa, se ve hoy arrollada por un movimiento nacionalista como el catalán, popular, apasionado, armado de todas las concesiones legales, consentidas e ilegales que ha alcanzado debido al comportamiento contemporizador y pragmático que tuvieron los viejos partidos con el nacionalismo. Ahora se pide a los ciudadanos responsabilidad y reflexión, que salgan a votar tras muchos años de animarles al desistimiento democrático y constitucional frente a la prepotencia del nacionalismo. Es difícil en pocas fechas resolver tantos errores del pasado, y los del presente. Sólo se puede esperar que la gente no crea tampoco en el salto al vacío del nacionalismo.
Eduardo Uriarte.
jueves, 10 de septiembre de 2015
lunes, 7 de septiembre de 2015
CULTURA PARA SER CRÍTICAMENTE LIBRES- ANTONIO ROBLES
CULTURA PARA SER CRÍTICAMENTE LIBRES
domingo, 6 de
septiembre de 2015 - 23:01
ANTONIO ROBLES
Tiene la cultura una función primera por encima de cualquier
otra: lograr sacar de la ignorancia natural al ser humano, ilustrarlo, es
decir, poner a su disposición información objetiva que le permita elegir por sí
mismo, ser autónomo, crítico y vivir conforme a su libertad y creatividad. Una
sociedad sin esas capacidades y valores está a merced de la manipulación y el
sectarismo y muy cerca de la condición del integrante de un rebaño.
Es una tarea que cada generación ha de emprender y aprender,
y toda institución política, garantizar. Cuando las instituciones encargadas de
llevarlo a cabo hacen todo lo contrario, perdemos nuestra condición de
ciudadanos libres con criterio formado, para pasar a ser marionetas del poder,
sujetos alienados, meros súbditos.
Sin una información libre y neutral, sin una escuela
ilustrada, alejada del adoctrinamiento, es imposible una sociedad
democráticamente sana y una libertad auténtica
Sin una información libre y neutral, sin una escuela
ilustrada, alejada del adoctrinamiento, sin unos medios de comunicación
autónomos y un entorno creativo y artístico a salvo del intervencionismo de los
poderes públicos, es imposible una sociedad democráticamente sana y una
libertad auténtica.
Y es eso precisamente lo que pasa hoy en Cataluña, una
sociedad intervenida hasta la náusea desde la propia cultura, donde una élite
supremacista alimentada de un narcisismo identitario obsesivo ha intoxicado a
la sociedad entera y la ha abocado a la sumisión o al enfrentamiento.
La quiebra de la convivencia, la apuesta por el
secesionismo, la intolerancia lingüística, la satanización del diferente o el
enemigo exterior, no son la causa, sino las consecuencias de haber permitido
desde los poderes del Estado el adoctrinamiento escolar, el control de los medios
y la manipulación de la cultura.
Hoy en Cataluña lo más alarmante no es la amenaza
secesionista, sino la derrota del pensamiento. Hoy en Cataluña no es la quiebra
de la convivencia lo más preocupante, sino la sustitución del discurso racional
por la reivindicación instintiva de las emociones como criterio de
conocimiento.
Las características tribales de la rivalidad deportiva se
han trasladado al discurso político. Ya no importa la verdad, sólo la defensa
de la identidad. Los valores cognitivos se han reducido a la amígdala. Ya no
importan los hechos, ni la ley, solo los sentimientos y las propias
convicciones. Nadie definió más rotundamente atmósfera sociológica tan
degradante como José Montilla (05/05/2010, contra el TC por la sentencia del
Estatuto de Cataluña).
"No hay sentencia que pueda juzgar los sentimientos de
los ciudadanos de Cataluña".
Es la culminación de la estupidez intelectual y de la
agresión más rotunda al Estado de Derecho. Y ahí está, de senador.
Cataluña se ha convertido en una colosal trinchera. Y eso no
se arregla con cupos económicos, asimetrías fiscales, blindajes lingüísticos o
la cesión de la última instancia judicial a la Generalidad de Cataluña, con o
sin reforma de la Constitución, sino con datos, racionalidad, conocimientos,
cultura libre e información neutral. Y persistiendo en el tiempo. Una ley es
fácil de hacer o de modificar. Cambiar los valores culturales y las
convicciones emocionales, cuesta generaciones.
Este es el gran problema. Hoy en Cataluña hay cientos de
miles de nacionalistas, emocionalmente convencidos de que España se levanta por
la mañana pensando cómo puede joder a Cataluña (en palabras de Albert
Boadella), cómo puede sangrarla económicamente y en permanente conspiración
para acabar con su identidad cultural y su lengua. La pedagogía del odio ha
calado hasta el tuétano y las mentiras que han modelado su cosmovisión, no las
sienten como tales, sino como agravios evidentes. La ecuación es sencilla: no
han conocido otra versión de Cataluña que la nacional-catalanista.
Hay que acabar con la impunidad de la mentira. La única
normalización pendiente hoy en Cataluña, es la normalización de la verdad
Por eso, hay que acabar con la impunidad de la mentira. La
única normalización pendiente hoy en Cataluña, es la normalización de la
verdad. Y eso pasa por recuperar el timón de la cultura, de la escuela, de los
medios de comunicación, para contrastar cada una de las infinitas agresiones
que emiten a diario contra la ley, la historia o el sentido común. Con
paciencia, con determinación, con la ley y la legitimidad moral que da el jugar
limpio.
Este es el problema: la ideología más reaccionaria de los
dos últimos siglos ha logrado robar a la democracia constitucional española, la
hegemonía moral y la hegemonía cultural. De ahí su hegemonía política. No
porque sean más, no porque sean mejores, sino porque se han apropiado de todos
los instrumentos de la cultura para modelar a su antojo las dos últimas
generaciones. Lo que no está representado en los medios, tiende a disolverse, y
hoy los medios culturales, educativos, institucionales y mediáticos están
monopolizados por la verdad de época, que da la hegemonía cultural. O al revés,
quizás fue su hegemonía cultural quién ha impuesto 'su' verdad de época.
La 'resistencia' al nacionalismo en Cataluña lo advirtió ya
hace muchos años. Aún recuerdo con qué desprecio o indiferencia acogieron la
clase política del resto de España (la de aquí, ni la nombro) a la Caravana por
la Tolerancia Lingüística que emprendimos en 1995 un grupo de ciudadanos desde
Cataluña, para denunciar la exclusión de los derechos lingüísticos en la
escuela. Ni sabían qué era la inmersión, ni creyeron una palabra cuando les
transmitíamos que en Cataluña no se podía estudiar en la lengua oficial y común
de todos los españoles. Imagínense cuando oyeron de mis labios en la
Universidad de Salamanca que el ejército de Cataluña eran sus maestros. No eran
palabras para la sensibilidad buenista de la época, ni para contradecir la
predisposición a pagar una deuda contraída con los nacionalismos periféricos en
nombre de no se sabe qué.
Si hiciéramos una estadística veríamos que entre maestros,
profesores y periodistas hay mayor índice de independentistas que en ningún
otro colectivo; precisamente, los espacios y las profesiones transmisores de
cultura
Pero a la vuelta de los años, aquella indiferencia por la
cultura, por lo que pasaba en nuestras escuelas, se ha convertido en mareas
verdes, en mareas amarillas, en uves y esteladas. Es en la escuela donde estas
marcas de territorio disfrutan de mayor impunidad. Si hiciéramos una
estadística veríamos que entre maestros, profesores y periodistas hay mayor
índice de independentistas que en ningún otro colectivo; precisamente, los
espacios y las profesiones transmisores de cultura. Curiosamente, los espacios
y profesiones que el nacionalismo ha defendido con mayor celo. Reparen en la
intransigencia que muestran cuando se cuestiona la inmersión. ¿Por qué? Porque
ella garantiza la exclusión del castellano, el adoctrinamiento nacionalista y
la disolución de los lazos afectivos y culturales con España. El gran
constructor de esta Cataluña identitaria lo tuvo claro desde el principio:
"Cuando veo a esas gentes de derecha o de izquierda
encerradas en sí mismas pensando: 'a nosotros no nos conseguiréis nunca',
pienso, me da igual, a vuestros hijos sí los tendremos. A estos los educaremos
desde el principio en el ideal" (Adolf Hitler. Discursos, años 1933, 34,
35, 36, 37, 38. Obras completas, tomo I, discurso en la sala de motores Siemens
el 10 de noviembre de 1933, Ediciones Wotan, Librería Europa, Barcelona, p.176)
¿De quién creen que es esta frase? De Pujol no, pero siempre
se guió por esa convicción.
El 28 de octubre de 1990, El País y El Periódico de
Catalunya filtraban un documento interno de Convergència i Unió (CiU) que
propugnaba un plan para extender la cosmovisión nacionalista a todas las
instituciones políticas, mediáticas, colegios profesionales y consejos de
administración de bancos y empresas, instituciones deportivas, religiosas y
políticas, y colonizar con nacionalistas sus direcciones. Detrás del informe
estaba directamente Jordi Pujol, el gran hermano, el gran timonel. Su objetivo
era imponer el discurso nacionalista hasta el último rincón de la sociedad
catalana. Con especial obsesión, en los medios de comunicación. Sin medias
tintas instaba a los medios públicos a ser "transmisores eficaces del modelo
nacional catalán" e "incidir en la formación inicial y permanente de
los periodistas y los técnicos de comunicación para garantizar una preparación
con conciencia nacional catalana".
El Libro Rojo de Mao, o la Formación del Espíritu Nacional
son sueños para modelar el carácter de un pueblo; la misma mentalidad
totalitaria del nacional catalanismo
Como ven, no se contentaba con marcar a los medios o comprar
sus voluntades, pretendía formarlos desde sus primeros pasos periodísticos como
si fueran cachorros y mantener una formación permanente para evitar
desviaciones. El Libro Rojo de Mao, o la Formación del Espíritu Nacional son
sueños para modelar el carácter de un pueblo; la misma mentalidad totalitaria
del nacional catalanismo.
El documento entero estaba inspirado por ese constructo
denominado 'Espacio Catalán de Comunicación'. Como si la comunicación tuviera
necesidad de adjetivos. La comunicación es libre, o no es. Así de sencillo.
Hoy, aquella voluntad de reducir Cataluña a la mentalidad
del buen catalán nacionalista, es una realidad. Políticos y periodistas podrían
intercambiarse y nadie se daría cuenta. Solo hay que echar una ojeada a la red
mediática que ha logrado armar el nacionalismo para darse cuenta, que la
construcción de estructuras de Estado se empezó mucho antes de lo que nos
parece ahora.
La actual Corporación Catalana de Medios Audiovisuales
(CCMA) integra 7 televisiones (TV3, 1994), Canal33 (2º canal de tv de la
Generalidad, 1988), el 3/24, de información continua (2003), y con la llegada
de la TDT, puso en marcha un canal dedicado a los deportes, Esport3
(18/10/2010) y otro a la audiencia infantil, Canal Super3 (18/10/2010), que
sustituyó a K3, puesto en marcha en 2001. TV3 HD, de alta definición
(23/04/2007) y TV3 3D (de alta definición y tres dimensiones (junio de 2010).
Además de portales digitales por Internet de la CCRTV Interactiva, Activa
Multimedia Digital, y la CCRTV Servicios Generales.
En el campo de la radio, la Generalidad hizo lo mismo que en
televisión, con una red pública de frecuencias y un control de las concesiones
privadas. Catalunya Radio nació en 1983, un año antes que TV3. No obstante,
Radio Nacional de España emitía en catalán a través de Ràdio 4 desde 1976. En
1987, se creó Catalunya Música (1987), en 1992, Catalunya Informació y en 2006,
iCat. En 2007 la Generalidad monopolizó el control de toda la información en
catalán al erigirse en accionista mayoritario de la Agència Catalana de
Notícies (ACN, 1999), que se ocupaba y se ocupa del espacio pancatalanista de
comunicación de els Països Catalans. Con los portales de Internet, la red ha
alcanzado innumerables tentáculos, no solo públicos, sino concertados, porque
todos ellos viven de las subvenciones de la Generalidad. Destaca entre las
primeras 324.cat y entre las segundas vilaweb.cat.
La consecuencia de tanto control por parte de la
Generalidad, directamente proporcional al abandono del Estado, es la hegemonía
cultural que actualmente detentan
El afán del nacionalismo por controlar la mente de los
catalanes, como vemos, no se para en medios, tampoco en euros. Sólo de 2007 a
2013, estos medios al servicio de la secesión se llevaron la friolera de 2.996
millones de euros, o sea 497.336 millones de las antiguas pesetas.
Ese despilfarro solo se refiere a los medios de comunicación
públicos, después están los concertados, como La Vanguardia o RAC1; además hay
que incluir las subvenciones a todo tipo de organizaciones nacionalistas
realizadas sólo en catalán (toda obra u organización realizada en castellano
queda excluida de la subvención), al cine, a documentales, a congresos,
simposios, normalización lingüística y control escolar (cursos de verano,
activismo escolar, libros, enciclopedias y material informático dedicados a la
construcción nacional etc), Museos nacionales, como el de historia, o del Born,
verdaderas ficciones dedicadas a la pedagogía del odio (Esta última obra nos
costó 76 millones de €), a las mal llamadas embajadas, o a la compra de firmas
de periodistas extranjeros para difundir la secesión a nivel internacional.
La consecuencia de tanto control por parte de la
Generalidad, directamente proporcional al abandono del Estado, es la hegemonía
cultural que actualmente detentan.
Es preciso revertir el esfuerzo. El Estado tiene derecho a
defenderse, y le sobran medios para hacerlo, solo es necesaria voluntad
política, personalidad para definir una estrategia a largo plazo y las tácticas
adecuadas para modular con inteligencia y sin complejos todo un plan para devolver
al ciudadano espacios e información que les permitan defenderse y enfrentarse
al bombardeo mediático del nacionalismo.
¿Qué se puede hacer o qué se debe hacer?
No puede quedar sin contrastar ni una fechoría más, ni una
mentira más, ni una deformación del pasado más. En cualquier campo. Por
ejemplo, en la fiscalidad. Toda acusación de expolio fiscal ha de ser
contrastada con cifras y valorada con criterios de justicia social y
dimensiones de Estado. Y tener medios para difundirlos.
Toda acusación de expolio fiscal ha de ser contrastada con
cifras y valorada con criterios de justicia social y dimensiones de Estado. Y
tener medios para difundirlos
Para ello, es preciso poner a disposición de todas las áreas
de la cultura, un presupuesto de emergencia nacional para contratar
inteligencia que genere documentos científicos y valores democráticos para una
sociedad de ciudadanos libres e iguales y no de territorios.
Otro ejemplo. Cine, televisión y redes sociales. No pueden
quedar sin contrastar ni un documental secesionista más, ni los infinitos
mantras nacionalistas que esparcen por Internet. Algunos ejemplos:
'Terra Lliure, punt final', documental emitido por TV3, el
14/04/2007. Una mirada cómplice con el terrorismo y fines de Terra Lliure.
'Adeu, Espanya', emitido en TV3, el 3 de junio de 2010.
'La Crida, història d’una resposta', (TV3, 24/09/2011) donde
hasta sus actos violentos se justifican.
TV3 emite un reportaje propagandístico a favor del
referéndum secesionista tres semanas antes de las elecciones (05/04/2012)
TV3 emite un reportaje propagandístico con formato de
documental en defensa de la inmersión lingüística obligatoria (22/04/2013)
'Hola Europa', emitido por TV3, el 7 de mayo de 2013.
TV3 explica a los niños que en 1714 "Cataluña perdía su
libertad" (18/09/2013)
'L’endemà', de Isona Passola, presidenta de la Acadèmia del
Cinema Català. Un publirreportaje, en formato de película, del oasis que
surgirá tras la independencia (17/12/2014)
Hoy, la rebelión contra la soberanía nacional ha de darse en
el plano de la legalidad jurídica y la cultura. Sueñan con tanques en la
diagonal. Hasta ahí llega su delirio y patología victimista. Cualquier recurso
a la fuerza, tiene más contrapartidas que ventajas. Por eso, el Estado habría
de reducir partidas de defensa (es una manera de hablar) para nutrir la escasez
de medios culturales capaces de recuperar la hegemonía cultural. Porque hoy los
medios culturales son las verdaderas armas de la convivencia y de la hegemonía
moral.
¿Cómo quieren que España forme parte de la vida de los
catalanes si el Estado deja la escuela abandonada al control nacionalista?
Es alarmante que medios tan influyentes como La Vanguardia o
las emisoras de Justo Molinero estén literalmente comprados por las
subvenciones de la Generalidad sin que el Estado destine recurso alguno a
contrarrestarlos; es suicida que el único diario digital que se está batiendo
el cobre en tierra hostil, como CRÓNICA GLOBAL siga abandonado a su suerte.
¿Cómo quieren que España forme parte de la vida de los catalanes si el Estado
deja la escuela abandonada al control nacionalista, no apoya económicamente a
los pocos medios disidentes, y no crea espacios intelectuales para defender los
valores constitucionales allí dónde se enseña a despreciarlos? El pujolismo ha
demostrado que en esta época de tecnologías multimedia se pueden modular
generaciones con una rapidez y eficacia como nunca antes se había producido en
la historia.
Un tercer ejemplo. Si algo le sobra a España es Historia.
'Isabel', la serie de TVE, es un buen ejemplo de cómo se puede invertir en
cultura. Los niños catalanes tienen derecho a saber la historia de sus
antepasados contada por profesionales de la historia. Al menos, para que puedan
contrastarla con las ficciones que les inoculan desde la guardería y el paisaje
de esteladas transmitido por TV3.
Posiblemente estos apuntes puedan parecer intervencionistas.
No lo son, estamos en guerra, por si alguien no se había enterado. Una guerra
sin armas, llevada a cabo con instrumentos culturales. Sólo la podemos ganar
con cultura ilustrada y urnas. Y de momento, nos llevan 35 años de intendencia.
sábado, 16 de mayo de 2015
Treinta y seis aguafiestas ARTURO PÉREZ-REVERTE
Buscando los restos de doce republicanos asesinados en el pueblo turolense de Singra, una asociación para la recuperación de la llamada memoria histórica desenterró hace más de un año, por error, treinta y seis cadáveres de soldados muertos durante la Guerra Civil, en la batalla de Teruel. Examinados los restos por un equipo de arqueólogos y forenses, y tras comprobar que allí nadie había sido fusilado, sino que todos eran hombres -muchos muy jóvenes- muertos en combate, los bienintencionados desenterradores no supieron qué hacer con tanto fiambre fuera de programa
Treinta y seis aguafiestas
Lo bonito del putiferio en el que, poco a poco, nos instalamos con toda naturalidad, es que las películas de Berlanga empiezan a ser, comparadas con el paisaje actual, versiones sosas de lo nuestro. Eso está bien, pues con algo hay que disfrutar antes de palmarla. Y los periódicos, y los telediarios, y tender la oreja al runrún de cada día, deparan momentos sublimes de juerga moruna. Dirán algunos que de ciertas cosas no hay que reírse, pues nada tan virtuoso como la indignación ante la injusticia o la estupidez. Pero uno acaba por asumir lo evidente. En España, la justicia, las virtudes y la indignación ajena importan un huevo de pato. Derechas, izquierdas, nacionalistas y demás oportunistas, ciudadanos de infantería incluidos, cada cual va a lo suyo. Impasible mientras no le toque. El héroe nacional no es don Quijote, sino don Tancredo. De manera que, como analgésico, a veces resulta útil atrincherarse en la risa. Reír, según la manera, es también un modo de ciscarse en su puta madre. En la de ellos -rellenen ustedes con nombres la línea de puntos- y en la de los incautos e imbéciles que los engordan.
La última es finísima. Buscando los restos de doce republicanos asesinados en el pueblo turolense de Singra, una asociación para la recuperación de la llamada memoria histórica desenterró hace más de un año, por error, treinta y seis cadáveres de soldados muertos durante la Guerra Civil, en la batalla de Teruel. Examinados los restos por un equipo de arqueólogos y forenses, y tras comprobar que allí nadie había sido fusilado, sino que todos eran hombres -muchos muy jóvenes- muertos en combate, los bienintencionados desenterradores no supieron qué hacer con tanto fiambre fuera de programa. De haber sido los doce republicanos asesinados, la historia habría salido redonda: homenaje a las víctimas, malvados nacionales y demás parafernalia. Incluso con soldados leales a la República, el asunto habría tenido por dónde agarrarse. Pero se daba la incómoda circunstancia de que los muertos, enterrados en fosa común en el mismo campo de batalla, pertenecían tanto al ejército nacional como al republicano. Eran de los dos bandos, mezclados en la barbarie de la guerra y la tragedia de la muerte. Españoles sepultados juntos, como debía y debe ser. Como lección y homenaje, deliberado o casual, de sus enemigos y compañeros. Así que imaginen el papelón. Nuestro gozo en un pozo, colega. Esto no hay quien lo venda al telediario. Treinta y seis aguafiestas jodiendo el invento.
Pero lo más fino es la solución. Tan de aquí, oigan. Tan española. Disimula, Manolo, y silba mirando para otro lado. Unas cajas de cartón, el alijo dentro, y los treinta y seis juegos de huesos depositados en las antiguas escuelas del pueblo. Guarden esto aquí un momento, háganme el favor, que vamos a comprar tabaco. Hasta hoy. Y mientras escribo esta página, los despojos llevan trece meses muertos de risa, metidos en las mismas cajas, sin que nadie se haga responsable. El alcalde de Singra, que es socialista, anda un poquito mosqueado, diciendo que no está bien tener ahí los huesos de cualquier manera; que cualquier día entran unos perros y se ponen ciegos mascando fémures de ex combatientes, y que los de la asociación desenterradora tendrían que hacerse cargo del asunto, comprar féretros y sepultar aquel circo como Dios manda. Y los otros, por su parte, llamándose a andana. Diciendo que, como no son los familiares que buscaban, pues que tampoco hay prisa, buen hombre. Ni se acaba el mundo ni nos corren moros, que decían los clásicos. La asociación es modesta, no está para muchos gastos, y ya se hará cargo cuando buenamente pueda. Si puede.
Y claro. Uno piensa que, por azares de la vida y de la Historia, quien pudo acabar en esa fosa tan alegremente abierta pudo ser mi tío paterno, el sargento republicano de diecinueve años Lorenzo Pérez-Reverte; o el alférez nacional Antonio Mingote Barrachina, que es la bondad en persona, con quien me siento cada jueves en la RAE; o el padre de mi compadre Juan Eslava Galán, que hizo media guerra en un bando y media guerra en otro. Y los imagino a todos ellos, o a otros como ellos, descansando tranquilos y a gusto desde hace setenta años en su fosa común de Singra o de donde sea, bien juntos y revueltos unos con otros, rojos y nacionales, tras haberse batido el cobre con saña cainita y mucho coraje, como Dios manda. Y en eso llega una panda de irresponsables, les pone los huesos al aire y los deja en cajas de cartón, porque en realidad buscaban a otros. Y las quejas, al maestro armero. E imagino sus chirigotas y carcajadas de caja a caja y de hueso a hueso. Fíjate, compañero. Memoria histórica, la llaman. Hay que joderse. ¿Sabrá un burro lo que es un pictolín? Triste y estúpida España, la nuestra. La de entonces y la de ahora. Por esta peña de subnormales no valía la pena matarnos, como nos
La última es finísima. Buscando los restos de doce republicanos asesinados en el pueblo turolense de Singra, una asociación para la recuperación de la llamada memoria histórica desenterró hace más de un año, por error, treinta y seis cadáveres de soldados muertos durante la Guerra Civil, en la batalla de Teruel. Examinados los restos por un equipo de arqueólogos y forenses, y tras comprobar que allí nadie había sido fusilado, sino que todos eran hombres -muchos muy jóvenes- muertos en combate, los bienintencionados desenterradores no supieron qué hacer con tanto fiambre fuera de programa. De haber sido los doce republicanos asesinados, la historia habría salido redonda: homenaje a las víctimas, malvados nacionales y demás parafernalia. Incluso con soldados leales a la República, el asunto habría tenido por dónde agarrarse. Pero se daba la incómoda circunstancia de que los muertos, enterrados en fosa común en el mismo campo de batalla, pertenecían tanto al ejército nacional como al republicano. Eran de los dos bandos, mezclados en la barbarie de la guerra y la tragedia de la muerte. Españoles sepultados juntos, como debía y debe ser. Como lección y homenaje, deliberado o casual, de sus enemigos y compañeros. Así que imaginen el papelón. Nuestro gozo en un pozo, colega. Esto no hay quien lo venda al telediario. Treinta y seis aguafiestas jodiendo el invento.
Pero lo más fino es la solución. Tan de aquí, oigan. Tan española. Disimula, Manolo, y silba mirando para otro lado. Unas cajas de cartón, el alijo dentro, y los treinta y seis juegos de huesos depositados en las antiguas escuelas del pueblo. Guarden esto aquí un momento, háganme el favor, que vamos a comprar tabaco. Hasta hoy. Y mientras escribo esta página, los despojos llevan trece meses muertos de risa, metidos en las mismas cajas, sin que nadie se haga responsable. El alcalde de Singra, que es socialista, anda un poquito mosqueado, diciendo que no está bien tener ahí los huesos de cualquier manera; que cualquier día entran unos perros y se ponen ciegos mascando fémures de ex combatientes, y que los de la asociación desenterradora tendrían que hacerse cargo del asunto, comprar féretros y sepultar aquel circo como Dios manda. Y los otros, por su parte, llamándose a andana. Diciendo que, como no son los familiares que buscaban, pues que tampoco hay prisa, buen hombre. Ni se acaba el mundo ni nos corren moros, que decían los clásicos. La asociación es modesta, no está para muchos gastos, y ya se hará cargo cuando buenamente pueda. Si puede.
Y claro. Uno piensa que, por azares de la vida y de la Historia, quien pudo acabar en esa fosa tan alegremente abierta pudo ser mi tío paterno, el sargento republicano de diecinueve años Lorenzo Pérez-Reverte; o el alférez nacional Antonio Mingote Barrachina, que es la bondad en persona, con quien me siento cada jueves en la RAE; o el padre de mi compadre Juan Eslava Galán, que hizo media guerra en un bando y media guerra en otro. Y los imagino a todos ellos, o a otros como ellos, descansando tranquilos y a gusto desde hace setenta años en su fosa común de Singra o de donde sea, bien juntos y revueltos unos con otros, rojos y nacionales, tras haberse batido el cobre con saña cainita y mucho coraje, como Dios manda. Y en eso llega una panda de irresponsables, les pone los huesos al aire y los deja en cajas de cartón, porque en realidad buscaban a otros. Y las quejas, al maestro armero. E imagino sus chirigotas y carcajadas de caja a caja y de hueso a hueso. Fíjate, compañero. Memoria histórica, la llaman. Hay que joderse. ¿Sabrá un burro lo que es un pictolín? Triste y estúpida España, la nuestra. La de entonces y la de ahora. Por esta peña de subnormales no valía la pena matarnos, como nos
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